jueves, 30 de noviembre de 2006

Jugamos al escondite, o qué?


Vamos a invertir los roles. Porque esta vez... vos tenés que encontrarme. Vamos, animate a jugar... Se trata del escondite, se trata de ocultarme bien.
Sí, ya lo sé. Eso es algo que muy bien se hacer.



A veces me pregunto si no le estaré hablando a nadie, si tu lugar no es más que un frío vacío, si todo esto no será un vano reflejo de lo que mi corazón quiere.
Se trata de ocultarme. Sí, sé que en ese caso lo haré bien.
No te asustes si te demuestro demasiadas ansias de confesar. Por favor, no creas que soy una loca que no hace más que amor mendigar.
Porque, seamos sinceros, de verdad busco eso con desesperación. Pero no te equivoqués, yo sé que sólo una persona tiene la solución.
Y quiero que esa persona seas vos. Yo no mendigo por amor, yo mendigo por tu amor.
No conosco tu rostro, no conosco tu edad, no te conosco para nada y sin embargo, curiosamente, sé que te amo. Y, como para conformar una gran ironía, te amo por tu rostro, por tu ser.
Quizá no me conoscas. Quizá puede ser que en la calle aún no se ha dado una situación que deje que en mi vida te entrometas.
¿Cuánto tiempo más vas a esperar para entrometerte en mi vida?
Y es que yo me oculto. ¿Será una desventaja o un suicidio? ¿Hará esto que cuando llegues las cosas sean más mágicas o, por el contrario, hará que nunca llegues?
No sé si estarás detrás de la puerta ¿Estás?
Miro aterrorizada por el huequito de la cerradura ¿Estás?
Me horrorizo ¿De qué otra forma podría reaccionar?
Allí afuera, descubrí, hay millones de chicos. ¿Cómo podré encontrarte así?
Se trata de ocultarse, y otra vez lo voy a hacer. No me llames cobarde que, aunque lo sea, no me voy a dar cuenta de que lo fuí hasta que ya sea muy tarde.
¿Por qué me oculto? Me pregunto sabiendo que eso mismo, en algún lugar del mundo, será tu mayor problema.
Quizá sea por temor, quizá sea porque, con seguridad, entre todos esos chicos, no te voy a encontrar así sin más.
Amor, te amo y no te lo puedo demostrar. ¿Por qué estúpida razón del destino tienen que ser las lágrimas nuestra única expresión de amor? ¿Por qué el sufrimiento por estar separados es, en realidad, lo único que nos une?
Juguemos al escondite. ¿Querés jugar? Yo ya no quiero más.
Si se trata de ocultarme, nos encargaremos de que eso por mi cabeza no se vuelva a cruzar.
Entonces, quizá menos aturdida o, por el contrario, más desorientada que nunca, abro la puerta que me separa del mundo.
Doy algunos tímidos pasos y comienzo a meterme entre la multitud. ¿Estás?
Tantos rostros, tantas sonrisas, tanto llanto, tantas alegrías y tristezas. Tanta... ¡Tanta gente!
Juguemos al escondite. Ya sé que dije que no lo haría más pero ahora, al ver todo esto, lo tuve que reconsiderar.
Comienzo a dar pasos hacia atrás pero descubro que, como si de una pesadilla se tratase, la puerta, mi puerta, ya no existe más.
No es como una pesadilla. Es una pesadilla.
Comienzo a correr desorientada, quedé librada a mi suerte y ya no sé en dónde me podré ocultar. Quedé librada a los horrores de este mundo y eso, cuanto menos, es algo que llega a asustar.
Corro sin pensar en más nada, corro sin reparar en todos los rostros que dejo atrás y en todos los que vendrán. Es que eso haría de este horror, algo sin final.
Se trata de que esto es una pesadilla... y no me gusta.
Entonces, jugando el papel de una estrella en la noche cerrada, de una salvación que se hace posible, encuentro un pequeño lugar en el mundo. Un escondite.
Esto es una pesadilla, y lo detesto.
Corro a ocultarme en aquél lugar oscuro y extraño.
Mi respiración está agitada y la otra también.
¿La otra? Miro aterrorizada a mi lado, entonces me pregunto:
¿Estás?
De repente todo el lugar se ha iluminado, sobre todo tu rostro, aquél tantas veces soñado y anhelado. Puedo respirar tu esencia, puedo descubrir que sos vos, más bien cercionarme, por un simple hecho:
Te conosco y nunca te vi.
No. Esto no es una pesadilla... esto es un sueño de amor.
Entonces te acercás y me besás. Y yo siento que, aunque durante toda mi vida lo había esperado, aquél beso fue sorpresivo.
Aunque me había pasado días imaginándolo, fue indescriptible.
Y, tontamente, aunque mil veces había ensayado mi reacción, no supe como reaccionar.


Sólo atiné, con cierto temor, a preguntar:
- ¿Estás?
- Estoy.

No hay comentarios: