Ah, me mató ese título, la verdad. Está como para una autobiografía de Paulo Coelho jajaja...
En fin, el motivo de haber empezado con un título así y con una burla hacia Coelho es porque hoy me sentí extrañamente feliz.
Es decir, hacía bastante que yo no escribía nada, no tenía ganas de hacerlo. Pero tenía una novela a la mitad y se me ocurrió seguirla.
Es decir, hacía bastante que yo no escribía nada, no tenía ganas de hacerlo. Pero tenía una novela a la mitad y se me ocurrió seguirla.
Escribí unas escasas nueve páginas, pero a la mitad de todo
esto ya me sentía profúndamente maravillada, no podía parar de hacerlo, mi mente maquinaba nuevas aventuras, nuevos enredos, postergadas soluciones.
Al terminar de escribirlo, me sentí absolutamente feliz durante el resto del día, aunque no haya hecho algo realmente digno de recordar.
Pero había escrito unas frases, y en esas frases estabamos yo y mi entusiasmo, tomados de la mano como hace mucho tiempo no lo estamos.
Es la fuente de mi felicidad, y siempre estoy, quizás por simple e indefensa vagancia, evitando hacerlo.
Ya no se trata de que lo haga por gusto, ni por ganas. No señor...
Resulta ser que, si quiero ser feliz, tengo que escribir. Debo escribir.
Porque... amo escribir!
Y quizás nunca me había dado cuenta por completo de ello, o quizás tampoco es que haya reflexionado sobre el tema.
He allí la fuente de mi felicidad...

No hay comentarios:
Publicar un comentario